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domingo, 13 de octubre de 2013

SOFIA, LA HERMANDA DIVINA DEL LOGOS


 
 

 
El emperador Justiniano mandó construir una imponente catedral en Constantinopla, en el año 532, que fue finalizada cinco años más tarde. Cuando el Augusto la vio, dijo: “Salomón, te he superado”. La basílica más grande y hermosa de la Cristiandad estaba dedicada a Santa Sofía, Hagia Sophia. Para la Iglesia latina Sophia, la Sabiduría, no merece ningún templo, y menos la basílica más grande e importante, no así, para la Iglesia Oriental. ¿Cuál es la razón por la que el templo más grande e importante, en la capital del Imperio Bizantino, se levanta en honor y para rendir culto a la Sabiduría, un personaje totalmente ajeno a la Iglesia latina?.
 El Cristianismo oriental todavía rinde culto a Santa Sophia, y para ellos se trata de un personaje tan importante como el Logos, el Cristo, el Hijo de Dios Padre. El origen de esta tradición se encuentra en Filón de Alejandría, el sabio y filósofo judío, fundador de la teología alegórica, que más tarde incorporaron al Cristianismo, Orígenes y sus Escuelas, la de Alejandría y la de Cesarea.

Santa Sofía es el Espíritu Santo, la naturaleza femenina de la Santísima Trinidad. Dios Padre, el Noûs o Intelecto, eterno e insondable, se desdobla en dos: Sophia y el Logos. La primera, permanece como pura naturaleza divina, como la expresión inteligible y pensamiento de Dios, el Padre; el Logos, es su Hijo, el Demiurgo, el creador y ordenador del cosmos, pues Él es la Palabra, la manifestación y revelación del Pensamiento de Dios. En Sophia la Verdad divina permanece inmanifestada, y toma la forma de la Gracia directa del Padre, se trata de un pneuma divino, cuyo contacto directo, es contacto con el mismo fuego de Dios, tal como se expresan sus pensamientos. El hombre no puede recibir el fuego divino directamente, si no se ha purificado, si no se ha bautizado (sumergido) en el agua de la purificación, y después ha seguido el camino y las enseñanzas que son reveladas por el Logos. Solo entonces, después de haber sido purificado gracias al Hijo, el puro puede recibir el fuego del Espíritu. El Espíritu Santo, Sophia, unge y nos hace verdaderos cristianos, verdaderos ungidos.

Filón de Alejandría hereda toda la tradición veterotestamentaria sobre la Sabiduría, de los Libros Sapienciales tan importantes para el Judaísmo de la época helenística, en la que muchos de ellos fueron escritos. Sophia es considera, por tanto, una de las potencias de Dios, del primer principio, la mónada o el Noûs, que es anterior al Logos: “Moisés llama Edén a la Sabiduría del Ser. El Logos desciende, como de una fuente, de esta Sabiduría a la manera de un río…” (Sobre los sueños, II, 242). En Filón Sophia es preeminente al Logos, que desciende de ella.

Orígenes recoge la distinción entre Sabiduría y Logos, pero a diferencia de Filón, los identifica completamente, como dos aspectos de la naturaleza del Hijo, el Hijo es la Sabiduría misma de Dios, que estaba con Dios desde el principio, y también es el Logos, por el cual toda cosa fue creada. Sin embargo, en el “Tratado sobre los Principios”, no encontramos bien resuelta la tercera hipóstasis de la Trinidad divina, habla del Espíritu Santo siempre por referencias a los textos, que testimonian de su existencia, y de su importancia. Orígenes se decanta por el Hijo, a la hora de expresar la importancia de éste, del Hijo recibimos la Sabiduría, del Espíritu Santo, el hombre se hace santo y espiritual.
Del Antiguo Testamento y sus Libros Sapienciales procedía la Sophia, y del Evangelio de Juan, influido por la filosofía estoica, el Logos que se vuelve inmanente, y que gobierna el mundo. De la filosofía platónica y el gnosticismo estos principios encuentran su origen trascendente, como eones o ideas, habitantes del Pleroma (la plenitud), que es el universo trascendente de los gnósticos, donde se encuentra el primer principio, la mónada hermafrodita y del que surgen los eones. De la aplicación de la filosofía platónico-pitagórica a estos conceptos judeocristianos, resulta la teología gnóstica, que intenta resolver el problema del Uno y lo múltiple (la Díada platónica), pero en el propio cielo pleromático: Abismo, es el primer padre origen de todo, de él surgen otros dos principios: Pensamiento y Silencio, los tres grandes, que engendran, sin pasión, a Intelecto y Verdad, que engendran a su vez a una Tétrada: Logos y Vida, y Hombre y Ekklesia, de estos últimos proceden doce nuevos eones, seis masculinos y seis femeninos, de los cuales, el último, femenino, es Sophia. Por tanto, para el gnosticismo Sophia es posterior al Logos, y además es la causante del mal, pues ella quiso conocer al Padre antes de tiempo, y de su deseo surgió la materia, esta materia es expulsada del Pleroma, y delimitada. Allí es donde irá a caer Sophia, el Alma del Mundo, que vendrá a ser redimida y devuelta al Pleroma, gracias a nueve cantos de arrepentimiento. La Cruz simbolizará el límite entre el Pleroma, la plenitud divina, y el mundo formado a partir de la materia de deseo. Dos Sophias quedarán separadas por la Cruz-Límite: Sophia, la pareja celeste del Cristo, que se une a él en la Cámara Nupcial que se encuentra en el centro de la Cruz, y Sophia Prounico, madre de los vivos y la Jerusalén Celeste, también llamada Ogdóada (es decir el Cosmos de las Esferas Celestes) y Espíritu Santo, que tiene por pareja a Jesús.

El Maniqueísmo hereda la teología mítica de los gnósticos, pero con una versión propia, dualista en cuanto a principios, donde Sophia es la pareja del Hombre Primordial, emanaciones ambas de la Luz, cuya misión es la de entablar combate contra las Tinieblas, por medio del auto sacrificio, a fin de producir la mezcla, que debe terminar con la redención de éstas. El Hombre Primordial aparece acompañado de la Madre de la Vida, ambas hipóstasis del Dios Padre de la Grandeza, estos dos principios se despliegan en una tétrada, formando así la Péntada del Pleroma maniqueo: Noûs y la Madre de la Vida, que constituyen el elemento Luz, Paternidad y Ennoia, que constituyen el elemento Viento, Luz y Reflexión que son Agua, Fuerza e Intención Arie, y Sophia y Logos, que forman el elemento pneumático, el Aire. Así en la cosmovisión maniquea, el Espíritu tiene la forma de estas dos hipóstasis: Sophia y Logos.
La Sophia pagana estaba relacionada con Pronoia, la Providencia divina, que es la acción del Noûs, como motor de las esferas celestiales, en particular la octava esfera de las estrellas fijas, frente a la heimarméne o destino, que regían los siete planetas, y que decidían la suerte de todo lo corporal y las pasiones anímicas. En definitiva, todo ello está ligado al eje celeste, el “axis mundi”, que es el que permite el movimiento traslacional de las esferas, un eje que sustenta todo el engranaje, al igual que la columna vertebral del ser humano. Este es el aspecto femenino de la divinidad, que en las tradiciones orientales es denominado Kundalini. Y este carácter de eje central, une a Sophia con la Jerusalén Celeste, que desciende de los cielos por su eje, y se asienta en las antípodas del Purgatorio, y por tanto, es el Espíritu Santo misterioso, la morada que el Cristo ha preparado a sus fieles, y que es la Novia celestial.

El mito de Logos y Sophia, que tiene fuerza, sobre todo, en las Iglesias Gnósticas y Maniqueas, así como en la Iglesia Oriental ortodoxa, también se plasma, en las Iglesias más esotéricas, en la relación de Jesús con María Magdalena, que aparece como la discípula más próxima y receptora de la Sabiduría secreta del Logos, en el Evangelio de María. Aparece igualmente como amante de Jesús, en el Evangelio de Felipe, y como la discípula favorita junto a Juan, en la Pistis Sophia. En Lucas 8: 2 aparece María Magdalena: “y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios (daimónia)”, si se piensa que siete son las esferas planetarias y siete sus arcontes o rectores, y estos constituyen la Heimarméne, Magdalena puede ser perfectamente una mujer curada del Destino, del condicionamiento astral, de las pasiones del alma, es decir, una alma purificada, que luego es capaz de escuchar y comprender las doctrinas del Logos, tal como la presenta el Evangelio de María, o el mismo Evangelio de Lucas 10: 39. En cualquier caso, María aparece como una personificación de la Sophia espiritual, al igual que aquella Helena, compañera de Simón el Mago, que había sido rescatada de los prostíbulos, y regenerada en el Pensamiento divino, o la divina Sophia. Se trata del mito gnóstico de la caída del eón Sophia en la materia, y como los arcontes y seres malignos abusan de ella, y la mantienen prisionera en la materia o el caos. Sophia es también el Alma del Cosmos, igualmente, unida a la materia, pero conservando su divinidad, y en definitiva expresa la tragedia de todas las almas particulares, atadas por violencia a la materia. Justino en su Apología I, 64, habla del primer pensamiento divino, o el Espíritu divino que se movía sobre las aguas, al que los gentiles, dice Justino, llamaron Proserpina (es decir, la diosa infernal Perséfone), hija de Júpiter – Zeus, o como sabiduría es llamada Minerva, o Atenea, la diosa nacida de la cabeza de Zeus, sin coito. En cualquier forma, Atenea era representada por serpientes, como el modelo oriental de Kundalini, y Perséfone o Coré, que a veces aparece identificada como Atenea Coré, era la diosa iniciadora, la que permitía al alma escapar del mundo de las sombras y dirigirse a la morada de los bienaventurados. Por tanto, aquí Sophia o la divinidad femenina tiene un papel incuestionable como iniciadora en los Misterios soteriológicos.
En definitiva, estamos ante el misterio de la divinidad femenina, al que el primer Cristianismo, y todavía hoy, el Cristianismo oriental, no es del todo ajeno, pues honra a dicho principio como Sophia, en la forma hipostática del Espíritu Santo. No es extraño pues, que la Iglesia Ortodoxa considerase herética la doctrina de la Filioque, que adoptó la Iglesia Latina, y que consistía en que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Para la Iglesia Oriental, que ve a Sophia, el Espíritu divino, como el gran misterio no revelado, el aspecto femenino que otorga la curación y espiritualiza la forma, procede del Padre, únicamente, es algo así como la pareja del Logos, el que enseña el camino hacia el Padre. Es la Mónada divina andrógina, que se desdobla y revela por medio del Logos y Sophia, el Hijo y el Espíritu Santo, lo masculino y lo femenino, sin que haya una preeminencia de uno sobre la otra. Así el misterio de la Eucaristía tiene los dos elementos, la acción del Logos se produce por la palabra, la enseñanza, del “Prefacio”, y la acción del Espíritu Santo por la “Epíclesis” o consagración, que consiste en una invocación del Espíritu Santo. Es la acción de ambos lo que permite siempre la manifestación de lo divino, la acción del Logos y Sophia, que están igualmente valorados en las Iglesias Orientales, donde el misterio se conserva con toda su carga mágica y mística, en rituales arcanos, con el griego como lengua santa de transmisión, tanto de la enseñanza, como del Espíritu.



Juan Almirall



 

miércoles, 9 de octubre de 2013

PLEGARIA DE LOS TEMPLARIOS EN PRISION


 
 
PLEGARIA DE LOS TEMPLARIOS EN PRISIÓN



“Que la gracia del Espíritu Santo nos asista. Que María, la Estrella de la Mar, nos conduzca al puerto de la Salvación.
 Amén.

“Señor Jesús, Cristo Santo, Padre Eterno y Dios Todopoderoso, sabio Creador, dispensador, administrador, bienhechor y amigo muy amado, piadoso y humilde Redentor, Salvador clemente y misericordioso, yo Te ruego humildemente y Te pido que me ilumines, me sostengas y conserves, con todos los hermanos del Temple y con Tu pueblo cristiano trastornado por tanta agitación ahora y en el futuro. Concédenos, Señor, en Quien son y de Quien provienen todas las virtudes, bienes, dones y gracias del Espíritu Santo, concédenos conocer la verdad y la justicia, de tomar consciencia de la endeblez y debilidad de nuestras pobres carnes, de someternos a la verdadera humildad “.
Amén.”
 
(Extracto del libro de M. Raymond Oursel, "Proceso a los Templarios")

 

viernes, 4 de octubre de 2013

De la reintegración de la materia y de los cuerpos gloriosos









De la reintegración de la materia y de los cuerpos gloriosos

ISBN: 978-84-827-292-5
 200 páginas
PVP: 12,50 Euros
Editorial Manakel – Colección Martinista
 E-mail:  info@editorialdilema.com       

El tema de la Reintegración de la Materia y de los Cuerpos Gloriosos según la doctrina de la Reintegración de los seres promulgada por Martinez de Pasqually (+1774), y recogida fielmente por Louis-Claude de Saint-Martin (1743-1803) y Jean-Baptiste Willermoz (1730-1824), es una de las claves iniciáticas de esta Tradición cristiana que irrumpe en el iluminismo del siglo XVIII a través de la Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo. Su repercusión marcará una orientación ineludible en los textos doctrinales y rituales tanto de los Élus Cohen como del Régimen Escocés& Rectificado, así como en la obra de Saint-Martin y las posteriores ramificaciones de sus seguidores en lo que se ha venido a llamar Orden Martinista. Esta clave iniciática fundamental es analizada minuciosamente y con todo detalle en la presente obra por algunos de los mejores especialistas actuales en la materia.

Pero actualmente estas cuestiones no se circunscriben al campo de una determinada transmisión iniciática, sino que resultan ser de candente actualidad en determinados sectores de la teología cristiana. Por este motivo incluimos en el apéndice, a modo de ejemplo significativo, la explicación del teólogo suizo Hans Küng acerca de cómo debe ser entendida realmente la resurrección gloriosa de Cristo, modelo a imitar en toda Iniciación cristiana.

sábado, 7 de septiembre de 2013

DEL TIBET AL MONTE ATHOS


 
Homilía del padre Sabas Axileos sobre la historia de un joven mago que visitó el Monte Athos. La historia completa de este joven mago y de cómo el gerontas (anciano) Païsios el Athonita le ayudó se narra en el libro "Del Tíbet al Monte Athos al gerontas Païsios" de Giannis Kotzampásis. (Απο το Θίβετ στο Άγιον Όρος στο Γέροντα Παισιος) Γιαννης Κοτζαμπασης.

                      Del Tibet al Monte Athos
 
 

 
 COMENTARIO: Frater Saltarus
Mi opinión particular de esta historia que cuenta el padre Sabas Axileos es que es real salvo que en algunos aspectos de la narración hay una interpretación subjetiva y religiosa del tema.
 Yo conocí una historia similar hace como unos 12 años, visité a un vidente de origen portugués que pasaba consulta en un pueblo de Murcia, este señor tenía una forma extraña de hacer consultas adivinatorias, la primera impresión que recibí es que era un mago, y no un simple vidente, porque hacía unos signos o sigilos extraños sobre el papel, además tenía sobre la mesa unos elementos religiosos de tipo budista. Y así era, pues supe que este hombre, de niño, fue llevado por sus padres o uno de sus parientes a un templo budista tibetano y abandonado allí, porque sus padres creían que el niño estaba loco o endemoniado. Seguramente el niño tenía unas dotes psíquicas poderosas que le permitía estar en dos mundos tan diferentes como la conciencia ordinaria y la del mundo psíquico o astral. Y por supuesto su comportamiento no era normal ni lógico. Supongo que esto mismo le pasaba a este chico que cuenta el padre Sabas.
La siguiente cuestión es la de los poderes atribuidos al demonio; bueno realmente algunos maestros de artes marciales o chi kung (muy pocos) tienen la capacidad de manejar la energía (chi) de tal manera que pueden romper ladrillos, piedras o botellas sin apenas esfuerzo, además de mover objetos a distancia, golpear o tirar personas sin tocarlas físicamente, hacer arder un papel con solo tocarlo con su mano, no sentir dolor al clavarse algún punzón o hacer girar las manecillas de una brújula con la energía de la mirada. Esto lo he presenciado yo personalmente en una demostración que nos realizó un maestro de artes marciales en una reunión privada donde nos demostró que todo esto es posible. En YouTube podéis encontrar algún video con demostraciones de este tipo, lo que ocurre es que si no lo presencias directamente no te lo crees  y cuando lo ves crees que se trata de algún truco. Esto no es atribuible al demonio, sino al manejo de las energías internas y externas, ya que todo es energía. Aunque esto no quita que en algunos casos ciertas manifestaciones puedan estar provocadas por la fuerza y energía de una entidad o demonio.
Por último aclarando el tema de los demonios que el chico dice manejar y al que obedecen, y que luego incluso le atacan, cualquiera que se tome la molestia de estudiar el chamanismo, vera que los chamanes, brujas y magos de Oriente y Occidente siempre han recurrido al contacto o relación con entidades de otros planos de la existencia ya sea para aspectos positivos como la curación o adivinación o negativos como dañar a alguien.
 
Los que habéis estudiado la Cábala sabéis que el Árbol de la Vida cabalístico nos muestra diez esferas o mundos que descienden o emanan desde la Divinidad Kether hasta el mundo material Malkut, y lo importante es que esos mundos o planos también están llenos de vida inorgánica o invisible. No nos debe extrañar la posibilidad del contacto con otros seres de otros planos sutiles, aunque como bien dice el padre Sabas Axileos esto entraña un peligro para los que se adentran en esas prácticas, y es que esas entidades no te obedecen o actúan para ti de forma gratuita, quieren a cambio algo, y esa es tu energía interna o alma. Y lo más peligroso todavía creo que es no saber que estas manejado o utilizado por una entidad demoniaca, esto es lo más habitual, aunque algunos creen que son el vehículo de una entidad angelical o extraterrestre. Ellos son más inteligentes que nosotros puesto que pueden penetrar nuestras mentes y saber nuestros deseos y pensamientos. De todas formas no hay que asustarse con esta cuestión porque no creo que haya nadie que no haya tenido en algún momento una influencia o contacto con entidades de otros planos, ya sea benéfica o maléfica de forma no consciente.
Quien haya leído la obra de Carlos Castaneda recordará que Don Juan tenía dos espíritus o “aliados”, y estos aliados que el describía como entidades energéticas a cambio de obedecerle demandaban energía de él para existir en esta realidad. Curiosamente a veces esas entidades podían materializarse como un hombre horrible o una bestia gigante de apariencia oscura por voluntad de Don Juan. Imagen muy similar al demonio que aparece ante el representante del Papa como nos cuenta en estos videos el padre Sabas Axileos.
                

viernes, 6 de septiembre de 2013

YAMABUSHI, LOS TEMPLARIOS DE ORIENTE


 
                      Shugendô Now tráiler

 

Este documental es un viaje experiencial en las prácticas místicas del ascetismo japonés en las montañas. En el Shugendō (Camino para Adquirir Energía), sus practicantes (Yamabushi) realizan acciones rituales de chamanismo, sintoísmo, taoísmo y budismo tántrico. Ellos buscan experimentar la verdad de las enseñanzas durante arduas subidas a las montañas sagradas. A través de la paz y la belleza del mundo natural, los practicantes purifican las seis raíces de la percepción, revitalizan su energía y vuelven a conectar con su verdadera naturaleza a la vez que captan la interconexión fundamental con la naturaleza y todos los seres sintientes.

¿Cómo se puede volver a la ciudad después de una experiencia enriquecedora en las montañas?

Más poética que analítico, esta película explora cómo un grupo de personas japonesas modernas tratan de integrar las múltiples formas de aprendizaje de la montaña interactuando con la vida urbana. Con un trabajo de cámara íntimo y un diseño de sonido sensual el espectador es llevado desde las profundidades de las montañas de Kumano a los mundos flotantes de Osaka y Tokio, y viceversa.

¿Podrían los dos verse como uno?

EL ESPEJO SIEMPRE DICE LA VERDAD


 
El espejo siempre dice la verdad

“ Espejito en la pared, dime una cosa:
¿quién es de este país la más hermosa? ”
Respondió el espejo:
“ Señora Reina, vos sois como una estrella,
Pero Blancanieves es mil veces más bella “.
El espejo siempre dice la verdad y la madrastra de Blancanieves lo sabe, así que decide matar a la niña.

Ahora viene el dilema: Aceptamos o no la belleza que llevamos en nuestro interior. La tentación está en actuar como la Reina, intentando anular esta luz, ya que rompe nuestra seguridad mundana, al pedir que renunciemos a nuestra voluntad (la madrastra) para dejar crecer la verdadera naturaleza, Blancanieves.
Sabemos que la niña ha crecido en la casa, bajo el dominio de la madrastra, pero ella desde su nacimiento es pura, como indica su nombre, y es esto lo que la hace muy superior en belleza a la reina.

(Emmanuel d´Hooghvorst, El Hilo de Penélope. Arola Editors)

 

jueves, 1 de noviembre de 2012

EL SIMBOLISMO DE LAS ABEJAS


                                       R. Fludd, Summum Bonum, Francfort 1629

El simbolismo de las abejas
La miel es llamada por los maestros: «la ciencia de las cosas de Dios»

José Antonio Mateos
 
Cuentan los cronistas sobre la antigua iconografía de la abeja, que debido a la perfecta identidad y similitud de símbolos y ceremonias entre el cristianismo y el mitraísmo, causó espanto a los primeros cristianos; para zanjar este asunto, estos lo atribuyeron al espíritu de las tinieblas, pero no se atrevieron a acusar a los discípulos de Mitra de haber tomado sus misterios del culto del Mesías, pues conocían que la doctrina persa era anterior. De esta manera los primeros cristianos y el culto de Mitra daban a probar miel a los iniciados, y les hacían lavar las manos con miel.

Según L. Charbonneau-Lassay, los antiguos simbolistas utilizaron a este pequeño ser impresionados por sus analogías con principios espirituales, así como por sus cualidades de industria y la excelencia de sus obras; su valor popular es reconocido en cualquier país. Hijas aladas de los primeros soles, anunciadoras benditas de los primeros días serenos, maestros en la construcción de celdas geométricas, vigilantes de las influencias magnéticas, de las radiaciones telúricas, en definitiva insecto bendito al que san Paulino de Nola llamaba «la misteriosísima abeja».

Debemos remontarnos a los simbolistas de Egipto quienes comienzan a representarla como símbolo del alma de los hombres, es plasmada en las tumbas como imagen de supervivencia del alma después de la muerte. Pero al mismo tiempo sirven como emblemática de las dinastías faraónicas del Alto y el Bajo Egipto, representadas por una abeja y una brizna de junco. Uno de los himnos funerarios dirigido al faraón Usertosen II dice así: «Casó al junco con la abeja», afirmación que se interpreta como que reinó en los dos Egiptos. También se han hallado abejas funerarias en la tumba de la faraona de Egipto, Ahotpu I.

Dentro de Europa también se han encontrado abejas en las tumbas bárbaras de las Galias, y principalmente en la tumba del rey franco Childerico (m. 481). De hecho parece que el símbolo de la abeja también era patrimonio metafísico de los druidas. Los mazdeíztas, como los antiguos persas creían que la miel era parte de la composición del celeste Soma. En el Rig Veda las abejas ofrecen su miel a los Ashwins, y Krishna lleva una abeja azul en la frente.

Parece que este culto a la abeja se extendió de Creta a las islas del Egeo y a la Grecia continental. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Tierra Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa. Según cuenta Estrabón, en Eleusis y en Éfeso las sacerdotisas que celebraban antaño los antiguos misterios se llamaban Melissai, «las Abejas», y algunos iniciados que habían alcanzado un grado de pureza indiscutible recibían también este nombre. Se atribuían a la abeja dones divinos, y misteriosos; en los cenáculos de Samotracia, los mister también veneraban a la abeja.

El simbolismo cristiano adopta la figura de la abeja como símbolo crístico y emblema de las virtudes cristianas y la hermética antigua hace de la abeja el símbolo de Cristo como luz del mundo, como dice Cahier, en su Bestiario armenio: «Como Cristo, la abeja difunde la luz en el mundo».
Para representar la benignidad de Cristo y la suavidad de su doctrina, la primera liturgia cristiana, en los ritos del Bautismo, ordenaba hacer gustar la miel a los nuevos cristianos al final de la ceremonia bautismal, que implicaba también la primera recepción de la Eucaristía. Fue santo Tomás de Aquino quien consagró oficialmente la miel como símbolo de la Eucaristía, tomando por Introito de la Misa del Santo Sacramento estas palabras: Cibavit eos ex adipe frumenti, et de petra melle saturavit eos (Él los alimentó con la más grasa sustancia del trigo, los sació con miel de la piedra).

En la Edad Media, algunos grandes monasterios franceses tomaron nombres derivados de las abejas, como la abadía cisterciense de Melleray, diócesis de Nantes, cuyo escudo de armas reza: de azur con colmena de plata, acompañada de tres abejas de los mismos.

También los simbolistas de la antigüedad tomaron la figura de la colmena como emblema de la Iglesia, pero también de la monarquía, pues en la colmena solo hay una cabeza que manda, gobierna y lo anima todo, esta es la función del Papa en el gobierno de la Iglesia y la del Emperador o Rey en su Estado monárquico.
Llegados a este punto, parece que es necesario clarificar que este símbolo se reviste de una vertiente exotérica, tradición popular y de culto, y otra más esotérica e iniciática. Parece que al transcurrir del tiempo este símbolo tiende a desfigurarse y vulgarizarse entre los no-iniciados.

Es san Bernardo quien trata de restituir el sentido metafísico de este símbolo, pero no sin hacerlo dentro de un contexto hermético-cristiano, siendo para el no-iniciado difícil de entender; en su obra Vid Mística, del siglo XII, dice:

las abejas... son imagen de las almas que saben y pueden elevarse con las alas de la contemplación, que se separan, por decirlo así, de sus cuerpos, igual que el industrioso insecto abandona su colmena para volar hasta el jardín de las celestiales voluptuosidades. Allí encuentran reunidas todas las flores como el más rico de los tesoros, y saborean sus ricas delicias.

Ese jardín es el Paraíso, pues se dice en el Cantar del Amor: El fruto de tu seno, frecundísima Virgen María, es el paraíso. Del seno de la Virgen María, en efecto, salió el paraíso, ese jardín de las delicias, adornado con todas las flores, recojamos y saboreemos su jugo. Conviene que nosotros, abejas espirituales, busquemos la miel que mana de la piedra, conforme a las palabras del profeta; porque ese Cristo que es un paraíso de delicias es también esa piedra misteriosa.
Para comprender el significado hermético de la definición que hace san Bernardo de la imagen de la abeja, es necesario remitirse a la tradición hindú para encontrar una interpretación precisa sobre el carácter metafísico de unos procesos que la conciencia manifiesta en los diferentes niveles del Ser. En el orden espiritual, la conciencia se manifiesta a través de cinco cuerpos o vehículos (Kosas), y el estado de percepción de la conciencia es enteramente distinto según se expanda en uno u otro nivel a través del estado de contemplación activa, pero no en un estado místico de pasividad y abandono interior, pues como dice san Bernardo es de «las almas que saben y pueden elevarse». Esta elevación se produce a través de siete esferas llamadas en la tradición hindú Lokas; estas conforman los niveles de manifestación desde Dios como Substancia Eterna hasta su manifestación como creación física. Y como comprenderán aquellos que siguen una vía o una búsqueda espiritual, no es posible expresar en términos de conocimiento intelectual lo que se experimenta o percibe la conciencia en estos estados; sólo es posible utilizar el lenguaje simbólico para expresar una experiencia no-transmisible y sólo comprensible por otros «iniciados».

El maestro Rumi, también expresa esta experiencia interior en su Fihi-m -a-fihi: Tú eres aquél que sin cuerpo posee el cuerpo; no temas entonces que tu alma salga de tu cuerpo. Y añade en lenguaje simbólico, que nuestro cuerpo es representado por la colmena donde se reúne la miel y la cera; el amor de Dios guardado en nuestro interior. Después de cumplir con su cometido, las abejas vuelan, pero la cera y la miel permanecen, como así también el jardinero.

En segundo lugar san Bernardo se está refiriendo al estado espiritual que proviene de la «iniciación mariana», denominada de esta manera debido a que ésta es la que recibió la santa Virgen, la madre de Jesús, hijo de María[1]. Es la Regina sanctorum omnium que dicen las letanías, así como es la Substancia de la santidad original antes de la caída e identificada con la Tradición primordial. El Amor es el medio por el que la iniciación mariana conecta con nuestra Naturaleza íntima, siendo junto con los aspectos de la Belleza y la Misericordia las características espirituales de la vía devocional (Bhakti-yoga). Al mismo tiempo esta vía es propia de la casta guerrera, la del monje-guerrero, y María es el símbolo griálico, el receptáculo del espíritu, de donde brota el jardín de las delicias término que designa a los diferentes estados espirituales del sendero y sus raptos interiores hacia los estados superiores del Ser.

Durante el siglo XVII, los Hermanos de la Rosa Cruz[2], retoman de nuevo el símbolo de la abeja, formando parte del simbolismo de la Rosa y la Cruz. Este emblema «Dat Rosa Mel Apibus» (La rosa da miel a las abejas), fue utilizado en la portada del «Summum Bonum» de Joachim Frizius y luego adoptado para ilustrar el «Clavis» de Robert Fludd (1574-1637). Podemos ver en un sentido hermético cómo parece haber una aproximación entre la doctrina de san Bernardo, la ebriedad interior del sufismo y el simbolismo que propugna la Rosa+Cruz del siglo XVII, lo cual nos induce a pensar en una transmisión espiritual que es mantenida de forma secreta a través de los siglos, como una cadena iniciática ininterrumpida.
Por último, diremos que la miel es llamada por los maestros: «la ciencia de las cosas de Dios», y las inevitables picaduras de la recolección de la miel son el emblema de los sufrimientos morales o físicos de que está sembrado el áspero sendero que conduce a la conquista de los conocimientos espirituales (L.Charbonneau-Lassay).


[1] - Denominación con la que se conoce a Jesús en el Islam. Otra denominación es Ruh ol-llāh (el Espíritu de Dios).
[2] - Tras la disolución de la Orden del Temple en 1314, los iniciados del esoterismo cristiano se reorganizaron, de acuerdo con los iniciados del esoterismo islámico bajo el nombre de Rosa-Cruz. El término no es extensible a las actuales organizaciones rosacruces que se aprecian en Occidente. La expresión Rosacruz como Sufí corresponden a estados o grados espirituales de Realización alcanzados, no a títulos profanos.


Fuente: Revista Sufí